Dos más dos

Actores: Adrian Suar, Juan Minujin
Comedia / Argentina / No recomendada para menores de 16 años / 103 min.
En los años cuarenta y cincuenta
se acuño el nombre de "comedias de teléfonos blancos" para hablar de esas comedietas
americanas sobre enredos sentimentales de la alta sociedad. En España, en los mismos años, se
copio la formula, el linaje y, por supuesto, los teléfonos blancos, cuando en
este país casi nadie tenía aún teléfono y ni hablar de que fueran flancos.
A mi me vino ese término cuando
vi esta película, quizá por la costumbre de ver una sociedad argentina distinta
reflejada en su reciente filmografía, quizá fruto de la crisis que vivimos
aquí, pero el caso es que esta es una comedia de la burguesía porteña donde
todo es lujo y color, no hay miseria, no hay problemas sociales, todo es muy
"cool".
La trama discurre alrededor de
la práctica del intercambio de parejas. Una pareja propone a sus mejores
amigos, un tranquilo matrimonio con hijo, tener relaciones "a cuatro".
La mujer accede pero el marido tiene miedos y dudas. El conflicto y los enredos
están servidos.
Lo cierto es que el guión está bastante
bien urdido, tiene situaciones graciosas y diálogos ingeniosos. El peso de la
comicidad recae en Adrian Suar, el verdadero protagonista de esta historia a cuatro,
quien lo resuelve con soltura y cierta sobriedad gestual, lo cual es de
agradecer dado el tema que trata, propicio para el exceso. En ese sentido no debe mover a engaño el
avance del film, no le hace justicia, predispone a pensar que utiliza el
swinging como excusa para un film con desnudos más o menos gratuitos y malos chistes sexuales o, lo que sería aún peor, una comedia a lo Alfredo Landa del
siglo XXI. Pero no, es bastante más sutil, incluso demasiado recatada y
pretendidamente púdica, por eso comenzaba esta crítica con el término
"estilizada", lo cual no quiere decir que sea
"sofisticada", tampoco es eso.
Dos más dos resulta una película entretenida, graciosa, con un buen
ritmo narrativo y cierta factura formal. No será nominada al Oscar como el film
de Campanella, pero se ve con agrado y deja una sonrisa en los labios cuando
acaba. Y, pese a lo que parece, resulta bastante conservadora.
Conclusión: Divertida, incluso
aconsejable sin pretensiones.
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