Rebelde

Actores: Rachel Mwanza, Alain Bastien
Drama / Canadá / No recomendada para menores de 12 años / 90 min.
De este conmovedor drama sobre los niños
soldados en África lo primero que habría que mencionar son dos de sus muchos premios
y nominaciones: Oso de Plata a la Mejor Actriz en Berlín y nominación a los
Oscar como mejor película extranjera. Tiene muchos premios más, incluidos diez
de la Academia Canadiense del Cine, lo que da una pista de la importancia del
film, pero sin duda los más destacables por sorpresivos son los que ha recibido
su protagonista, la jovencísima Rachel Nwanza, que ni siquiera era actriz
cuando comenzó el rodaje ya que fue rescatada de las calles de Nairobi.
Se
podría decir que se trata de una película intensa, dura, dramáticamente complicada,
y todo ello es cierto. Sin embargo, tiene la virtud de mantener la distancia
justa con la narración y de no incurrir en excesos visuales, en la mostración
directa de las atrocidades que se cuentan y que, a buen seguro, suceden en el
ángulo que no vemos. No obstante, la crueldad está presente desde la primera
secuencia, donde la niña es raptada, junto con todos los niños de su aldea, y
obligada a matar a tiros a sus padres. Hay multitud de escenas de batallas,
tiroteos y muertes, pero la cámara no se regodea, no rebusca en la muerte y la
sangre, no escarba hasta ser desagradable. El horror que el espectador siente
es más íntimo, más psicológico, más real. Es el horror de las infancias
arruinadas, de los niños que juegan a la guerra de verdad, de los pequeños
asesinos que desconocen el porqué de su lucha, es el horror del absurdo de la
vida y la muerte en el filo de una voluntad enloquecida.
La
película cuenta más cosas, muchas más, con un trasfondo de realismo mágico a la
africana. Es el periplo en busca de la felicidad lejos de la guerra que se
acaba convirtiendo en una road-movie para mostrar la peripecia vital de Komona,
de 12 años, y de Mago, un soldado alvino de 15 años que quiere a toda costa
casarse con ella. A través de sus ojos veremos una región de África que no se
acaba de identificar, pero que puede ser cualquiera, donde los conflictos
bélicos no acaban nunca y la población se termina por acostumbrarse, como se
acostumbra a las tormentas o a la sequía, mientras entierra a sus muertos e
intenta seguir con su vida.
Rebelde es además una bella y durísima
historia de amor, de voluntad, de coraje y también de esperanza, esperanza en
el ser humano que enfrenta el espíritu de solidaridad contra la irracionalidad
que le invade a menudo. Con una frialdad narrativa que intenta evitar juicios
de valor, para que la lección moral la saque el espectador, deja un tema importante
apenas apuntado: ¿porqué son estás guerras? ¿qué es lo que hay realmente
detrás?. El estupor que sentimos al descubrir que toda esa violencia y ese
horror son fruto de guerras pagadas, o al menos motivadas, para conseguir
coltrán, el mineral imprescindible para fabricar teléfonos móviles, se
convierte en estupor y vergüenza al racionalizar que todos, TODOS, tenemos
responsabilidad en cada una de esas muertes.
Rodada
con una exquisita sensibilidad, con buen ritmo narrativo, dominio del encuadre
y una espléndida fotografía de Nicolas Bolduc, tiene además una acertada banda
sonora donde predomina el folk africano y el pop.
Conclusión: Simplemente imprescindible.
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