Rodaje del documental "Ulises ya no vive aquí"

El cortometraje documental ULISES YA NO VIVE AQUÍ está acabado.
Ahora seguimos para bingo.

viernes, 5 de julio de 2013

Hannah Arendt


Si aún no la has visto
Director: Margarethe Von Trotta
Actores: Barbara Sukova, Axel Milberg
Drama / Alemania / No recomendada para menores de 7 años /  113 min.

              Última película de la realizadora Von Trotta, perteneciente al denominado “nuevo cine alemán” y que vino a dinamizar el estancado panorama del cine europeo allá por los años 60's, junto a figuras tan importantes como Rainer Werner Fassbinder, Win Wenders, Volker Schlöndorff o Werner Herzog, aunque quizá no tan reconocida hoy en día aquí en España.

                   Hannah Arendt es el cierre de una esforzada trilogía sobre el exterminio nazi a los judíos, después de Rosa de Luxemburgo (1986) y La calle de las rosas (2003), una serie de películas contra el olvido en un país en el que, durante mucho tiempo, hablar de la época nazi era tabú.

                   Exiliada en los Estados Unidos desde 1941, año en el que huyo de la Alemania nazi, está filósofa alemana tuvo un momento muy controvertido a raíz de la publicación, en The New Yorker en el año 1963, de un largo artículo seriado de 73 páginas sobre el primer juicio contra un genocida nazi celebrado en el mundo después de los Procesos de Núremberg. Fue contra Adolf Eichmanann, secuestrado por los servicios secretos israelíes en Argentina, donde vivía escondido y con nombre falso. Eichmann era un teniente coronel de las SS encargado del transporte de los judíos a los campos de exterminio; metódico, concienzudo, amante de orden y de la legalidad vigente, en todo momento defendió su inocencia en el juicio por esa supeditación extrema a las órdenes recibidas.

                   El trabajo de la politóloga alemana se tituló “Informe sobre la banalidad del mal”, y planteaba dos cuestiones que desencadenaron una enorme controversia y le generaron una cantidad de críticas y enemigos automáticos: por un lado el hecho de que Eichmann no era un sanguinario criminal sino un diligente funcionario que, a base de no cuestionarse las órdenes y cumplirlas a rajatabla llegó a la irreflexión y de ahí a esa banalidad cruel, la misma que, por otra parte debió de sufrir una buena parte de la sociedad alemana que, con una venda por delante de los ojos, aupó primero y quiso olvidar después el holocausto y la barbarie de la guerra. Por otro lado, cuestionó también el papel de los líderes judíos y hasta que punto no habían colaborado con los nazis en, por ejemplo, la elaboración de las listas de deportados.

                   Ambos temas soliviantaron tanto a una parte de los intelectuales y de la opinión pública, y no sólo pero sí especialmente de la comunidad judía, incluido su maestro y mentor, Martin Heidegger, quien le negó la amistad incluso en el lecho de muerte, que la cosa acabó en un linchamiento virtual.

                   Esta es la historia que cuenta Von Trotta, utilizando incluso material documental de archivo para el juicio en Israel. Una aventura intelectual, virtuosamente contada, que incluye intriga, acción y mucha polémica y que, pese a que la aventura sea intelectual, está contada con toda la carga dramática y humana que refleja todas las contradicciones del ser humano, construyendo una narración de mucha intensidad, puramente cinematográfica.

                   La película ha merecido, además, la consideración de "especialmente recomendada para el fomento de la igualdad de género", ya que no hay que olvidar que Hannah Arendt no sólo se enfrentó al pensamiento ortodoxo del momento, sino que, siendo mujer, desafió unos dominios poblados por hombres: los de la filosofía.

                   Una escena es paradigmática de como Von Trotta representa esta postura vital de Arendt, no ya feminista sino más bien igualitaria, se trata de una conversación que tiene con su mejor amiga cuando ya se le ha echado el mundo encima. Una puesta en escena convencional quizá hubiera recurrido a una íntima charla de sala de estar o a una reunión alrededor del velador de un café. Von Trotta, sin embargo, las sitúa en un bar, jugando al billar, fumando y bebiendo cerveza de la botella. Lo que parece una escena muy propia de un par de amigos aquí se convierte en toda una declaración de intenciones. No llama la atención, precisamente porque se desarrolla de una manera natural, pero resulta muy esclarecedora, tanto del planteamiento feminista de la filósofa como del de la realizadora.

 Conclusión: Si no la has visto ya estás tardando.